Salimos rumbo al supermercado y realmente parecemos una familia. Me siento tan bien con este Fede relajado... caminando de la mano, hablando de cosas comunes, de nuestros proyectos y temores. Entonces aprovecho para comentarle que el otro día, buscando unos papeles, encontré en una caja algunas fotos de cuando era chica. Una tomada por Nora, en el jardín de la casa de mis viejos y la otra, sacada algunos años más tarde, junto a mi hermana Teresita. Ambas nos veíamos tan felices que de pronto sentí pena de haber crecido. Éramos dos chicas muy lindas.
—¿Querés que esta noche te cocine fideos? Mi vieja dice que los mejores son los negros... Podríamos comer fideos negros con crema y panceta. Sin ajo... ¿estás de acuerdo?
Asentí y seguimos paseando con nuestro changuito, comparando precios, eligiendo productos y esas cosas que supongo, hacen los matrimonios cuando van al supermercado. Como yo nunca estuve casada y con Nicolás jamás pasamos por la puerta de Jumbo, todo esto era algo nuevo para mí.
Nos fuimos de allí cargados con bastantes bolsas y fue entonces cuando la vimos... era una cachorra mezcla de salchicha, beagle y algo más, absolutamente encantadora que no paraba de saltar y ladrar. El señor que la tenía de la correa, al ver nuestro entusiasmo, nos preguntó si la queríamos. ¿Un perro? ¿Adoptar un perro tan pronto? Era mucha responsabilidad: vacunas, paseos, baños... comida. Por eso decidimos esperar un poco antes de tomar una decisión de tal magnitud.
Un día después, luego de nuestra primera gran noche juntos, teníamos a la perra viviendo con nosotros en el departamento.
(fragmento de "Whisqui")
©Susana Salguero